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Cuándo una secuela funciona (y cuándo no) – Subjetivo Compuesto

Stranger Things

Pongamos una cosa clara: la segunda temporada de Stranger Things no es en realidad una segunda temporada. Es una secuela. Lo delata su estructura. Sus componentes narrativos apuntan hacia una primera temporada completa, contenida en sí misma y autosuficiente, con los cabos sueltos necesarios para una continuación pero intrascendentes en caso opuesto. El final dejó la puerta abierta, pero bien podría haber sido decisión estética y no gancho para secuela. Más que una temporada de una serie, Stranger Things es una película de ocho horas. Al año le siguió otra película, esta de nueve horas.

Además, en el selector de temporadas, en vez de “temporada 1” y “temporada 2” (como es usual con otros programas) Netflix lista “Stranger Things” y “Stranger Things 2”. Probablemente debí haber empezado por eso.

Por encima de todos esos indicadores, es evidente que es una secuela porque logra exactamente lo que una buena secuela debe lograr. Hace bien todo lo que debería hacer y evita todos los fallos donde se suele caer. Stranger Things 2, en una palabra, funciona. Pero, ¿qué hace que una secuela funcione?

Stranger Things 2

Uno podría pensar que una secuela funciona cuando vale la pena contarla. Cuando todavía hacen falta historias por contar. Falso. El cine es magia y el talento de los magos es hacer aparecer cosas de la nada. O, más bien, aparentar que esas cosas estaban ahí todo el tiempo cuando en realidad su aparición es un engaño.

Es más: si todavía hacen falta historias para contar, entonces ni la primera entrega funcionó. Un indicador de calidad en una franquicia, considero, es que la primera entrega pueda ser vista por sí misma, sin necesidad de continuar. Lo logra Back to the Future. Lo logra Star Wars. Lo logra The Matrix. Todas son historias completas, no hace falta contar su continuación. Y sin embargo tienen secuelas.

Las secuelas suelen fallar por dos cosas, ambas ligadas a intentar duplicar el éxito de la original. Quieren hacer exactamente lo mismo, y logran, pero carecen de innovación y retroceden desarrollo. Los personajes ya llegaron de punto A a punto B. Una buena secuela los extiende hacia el punto C, una mala secuela se inventa un planteamiento que los regrese al punto A solo para poder volver a llevarlos al B.

Otro problema, igual naciente de querer replicar el éxito de la original pero en lado opuesto de la escala, es no entender bien que fue lo que hizo que tengan éxito en primer lugar. Hacen de todo lo mismo excepto lo único que importa. Una buena secuela entiende el porqué del éxito de la primera, una mala ni se toma la molestia de preguntar. Robocop 2 (y 3, y 4, y el remake…) son un chiste de mal gusto: todo lo que la original criticó y satirizó, las continuaciones celebraron sin pizca de ironía.

O sea: las secuelas son malas cuando hacen exactamente lo mismo que la original, o cuando ignoran por completo lo que hizo que la primera funcione.

Kingsman: The Secret Service

Un trágico ejemplo de ambos problemas es Kingsman: The Golden Circle. En los primeros tantos minutos, la película mutila todo el desarrallo que hubo en Kingsman: The Secret Service para regresar al mismo status quo primerizo y así contar la una historia con los mismos beats que la primera. Regresa todas las piezas a donde estaban al principio porque no se atreve a jugar con un nuevo tablero.

Es trágico, francamente, porque el chiste de la original es que era otra cosa. Reconoció la ridiculez del cine de acción y, en vez de avergonzarse (ajem, Chris Nolan y su batitrilogía) lo abraza y celebra. Toma la absurdez del género y lo lleva a su conclusión lógica. Kigsman funcionó por ser diferente, su secuela no funcionó por ser más de lo mismo.

Entonces, no he comenzado a responder la pregunta. ¿Qué hace que una secuela funcione? Mejor ver a James Cameron y sus dos ejemplos magníficos de secuelas: Aliens y Terminator 2. Una la hizo recibiendo la batuta del muy diferente Ridley Scott, la otra a partir de una película que había hecho una década antes. Ambas son radicalmente diferentes en sustancia a sus originales, pero comparten la misma esencia.

Aliens

Cameron no insultó lo que vino antes replicándolo o malentendiéndolo. Comprendió lo que hizo que Alien y Terminator funcionen y trabajó encima de ese fundamento. Es particularmente evidente en Aliens, donde se convirtió una historia de horror en una de acción sin adulterar el fondo que le daba razón de ser. Sus secuelas hacen lo suyo, alejados del original, pero no lo desplazan sino lo extienden.

Las buenas secuelas expanden el concepto. Redescubren con otro ángulo elementos ya explorados. No cuentan lo mismo ni cuentan otra cosa. Star Wars –luego renombrada A New Hope– era un viaje del héroe completo en sí mismo. The Empire Strikes Back la reinterpreta como el primer paso en otro viaje de mayor trascendencia, a la vez que da el segundo.

Back to the Future 2 es un fantástico ejemplo de una buena secuela porque repite bastante de la original, pero nunca pierde innovación. Cuenta los mismos chistes, pero el chiste ya no es el chiste sino la repetición del chiste. En BTTF, te reías de Biff cayendo en estiércol. En BTTF2, te ríes de que Biff caiga de nuevo en estiércol. No es el gag más inteligente del mundo, pero tiene cierta gracia a través del paralelo. La trama en sí no es una vil fotocopia de la original, sino una exploración de lo que se puede hacer con los elementos que ya se plantearon. La repetición de la original no es su razón de ser, sino un anclaje para expandir.

Una expansión no es hacer lo mismo pero más grande. Speed 2 es sólo Speed, pero en un crucero en vez de un autobús. Toy Story 2 es una expansión lógica de lo que la primera hizo; Toy Story 3 es Toy Story 2 con un poco más de chantaje emocional. The Hangover 2 es sólo The Hangover, pero en un lugar más exótico y alocado. Tomar lo que funcionó en una y multiplicarlo exponencialmente no hace una buena secuela. Eso no significa que necesariamente haga de la película mala: Toy Story 3 es ciertamente disfrutable; John Wick 2 es John Wick con más presupuesto y un mayor conteo de muertos, pero es inmensamente divertida. Son buenas películas, pero no necesariamente buenas secuelas.

Una secuela que expande se permite tomar lo que ya se construyó, conservarlo, y seguir construyendo en una dirección lógica pero nueva. The Dark Knight no repite Batman Begins, ni la ignora. Toma lo que hizo y lo usa para contar una nueva historia. Hasta The Dark Knight Rises –que considero el punto más bajo en la carrera de Chistropher Nolan– expande en vez de repetir.

The Dark Knight

Aunque titubea en calidad, el Universo Cinematográfico Marvel demuestra efectivamente cómo nuevas entradas en una franquicia funcionan. Cada película propone un nuevo conflicto y una nueva transformación para sus personajes, sin olvidar el punto de partida ni quitarle los ojos de encima a la meta. Para cuando tenga su inevitable encuentro con Thanos, Tony Stark ya habrá luchado muchas batallas desde que se declaró Iron Man –y no estoy hablando de esas batallas que se pelean a puñetazos y rayos de energía–. El personaje ha crecido poco a poco, teniendo una nueva transformación con cada película, siempre en una dirección coherente pero no siempre recta.

En efecto, eso es lo que logró Stranger Things 2. Expandió. Como Back to the Future 2, se ancla con el gancho estético de la anterior para contar una nueva historia con las mismas piezas. Como Aliens, recontextualiza la amenaza en un nuevo contexto para no repetir cansadamente el mismo conflicto. Como The Empire Strikes Back, toma una historia que funciona por sí misma y la convierte en el primer evento de una secuencia concatenada, parte de algo más grande. Por eso, Stranger Things 2 es una gran secuela.

Acerca del autor

Gerardo Novelo

Pasa más tiempo del que debería pensando en cocos y golondrinas. De vez en cuando le da por ver una película.

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