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¿Cine para bebés? – Aula A113

La última vez que fui al cine a ver Coco, pasó lo que siempre temo que pase en el cine. Hubo bebés llorando. Era una función muy tarde en la noche, la película comenzó aproximadamente a las 10:20, y al día siguiente era lunes, en general, no la función ideal a la que llevarías a infantes que todavía no pueden ni caminar. Pasaron 30 minutos de la película, y los bebés continuaban su llanto. Estaba molestísima. De repente alguien en las filas de abajo, con buenas intenciones, hizo “¡Shhh!” hacia los bebés. De inmediato una señora, que no puedo sino imaginar que era la abuela de alguno de los dos niños, contestó enojada “¡Es una película infantil!”. El llanto continuó y los padres tuvieron que recurrir a la opción más acertada: salir con sus niños de la sala. El resto de la película transcurrió sin más incomodidades, pero yo me quedé pensando en las palabras de la abuela. ¿Qué sea una película ‘infantil’ es justificación suficiente para llevar bebés de brazos al cine?

Cabe aclarar que cuando hablo de “bebés” estoy hablando literalmente de bebés. Bebés que no pueden hablar. Bebés que no pueden caminar. Los que todavía duermen la mayor parte del día. Algunos todavía no tienen ni dientes. Yo fui una niña que a los 3 años ya podía sentarme en el cine, callarme, comer palomitas y al menos prestar atención a los dibujos animados. Si bien la edad a la que los niños tienen un mayor attention span puede variar, uno conoce a sus hijos. Si tu hijo todavía no puede, por su edad, estar en silencio una hora y media viendo una pantalla enorme en la oscuridad, tu hijo es parte de los bebés a los que me refiero.

En primer lugar, el calificar a las películas animadas como “películas infantiles” siempre ha sido algo que me parece incorrecto. Las películas animadas no tienen que ser inherentemente infantiles, y si bien existen claros ejemplos como Anomalisa (2015), esto aplica también para las películas de Disney, Pixar, incluso las mejores de DreamWorks. Lo principal que convierte a una película animada en una película infantil es la complejidad de su trama y sus personajes. Películas como el Rey León que tiene una de las lecciones más complejas que una película animada puede tener, a pesar de tener momentos simples e ‘infantiles’, no pueden ser calificadas como meras películas “infantiles”, porque sería empequeñecer el discurso y lo que la película trae consigo.

Por otro lado, cualquier película de Plaza Sésamo, My Little Pony, y las películas con coloridos animales que hablan, que por lo general no son de estudios grandes de animación, son mejores candidatas a calificar como “infantiles”, porque solo los niños pequeños las disfrutan. Los papás las ven para mantener a sus hijos entretenidos por una hora y media mientras ellos duermen o apagan su cerebro. No es una experiencia familiar de la que todos los miembros pueden aprender y, generalmente, es tan superficial que son películas que se ven un día y son olvidadas al siguiente.

Una buena película animada es más que un instrumento para callar a los niños, es una obra de arte que, en su mayor parte, puede ser disfrutada en cualquier momento de la vida de una persona, ya sea de niño o de grande, y en cada etapa podrá entender algo diferente de ella. De niños aprendemos a ser más cuidadosos y entender a nuestros padres cuando vemos Buscando a Nemo, pero cuando nos convertimos en padres comprendemos que le lección es que no puedes tener a tus hijos bajo una manta de protección para siempre y debes dejarlos “seguir nadando” por su cuenta. Son películas polisémicas, entretenidas, de buen corazón, y sobre todo, memorables.

Ahora, el asunto de llevar bebés al cine es otro del que podría tener, y he tenido, largos debates. Mi argumento principal es este: Si no tiene la edad para prestar atención a la película, NO tiene edad para entrar al cine. Por más que quieras ver la película y no tengas con quién dejar a tu hijo, meterlo al cine es malo para todos. El bebé no puede dormir pacíficamente. Tú no te concentras en la película por estar pendiente de que se quede quieto o que se calme. El resto de los asistentes tienen una experiencia menos agradable en el cine cuando los llantos los sacan del mundo de la película. Y finalmente tu cartera sufre porque al final tendrás que sacar al bebé de la sala y habrás pagado por haber molestado literalmente a todos en esa función. Muchas cosas pueden salir mal, simplemente no es una acción lógica, y me parece incluso egoísta, al poner tus necesidades sobre las de tu hijo y las de los demás asistentes. Pero las cosas se ponen más complicadas cuando la película es animada.

Parece lógico pensar que, si es animada, es una película para niños, y por lo tanto los bebés tienen todo el derecho de entrar. Pero como mencioné, si todavía no tiene la edad para prestar atención, llevarlo al cine es una necedad. Que sea una película animada no hace que la película sea menos digna. El cine de animación merece muchísimo más respeto del que tiene, la animación no fue inventada para que actúe como una niñera con los bebés y los niños pequeños, es una manera de hacer arte, tan versátil y hermosa como cualquier otra. Si bien ha encontrado el éxito en películas familiares, menospreciarlas como simples películas infantiles (pecado cometido tanto por los estudios como por las audiencias) es menospreciar una larga historia de personas que trabajaron toda su vida por perfeccionar y llevar el arte de la animación a donde está en la actualidad.

Ir al cine es, incluso, un ritual, que podemos practicar con amigos y familia. Pocas cosas son tan gratificantes como disfrutar de una buena película en el cine con gente a la que quieres y con la que puedes hablar de la película después. Para mí, es un momento hasta sagrado. Es por eso por lo que el tema de los bebés en el cine siempre ha sido algo que toca fibras sensibles en mi interior. No quiero decir que se le debe negar la entrada a los padres con bebés que no tienen a quien cuidarlos, solo quiero decir que los padres deben tener la madurez suficiente para poner el bienestar de sus hijos antes de su placer personal, tener algo de empatía hacia los demás asistentes, y tratar al cine (en todos sus géneros y formas) como el arte que es.

 

 

Acerca del autor

Gina Güemes

Cinéfila y Disney Nerd, amante de los idiomas, los libros y el lenguaje en general. Ravenclaw. Jedi. Libra. INFP.
"It's kind of fun to do the impossible" - Walt Disney.

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