Críticas

Stranger Things 2 – Crítica

Stranger Things 2

Admito haber entrado a Stranger Things 2 con ciertos prejuicios. La primera temporada es una maravilla: una historia auténtica, pesada en referencias –pero abundante en originalidad– y completamente autosuficiente. Para el final de la serie, todos los puntos importantes habían sido cerrados, todos los personajes se habían desarrollado y los pocos cabos sueltos apuntaban a un final abierto más que a una continuación directa. Stranger Things es más una película de ocho horas que una serie.

Y luego anunciaron más episodios. Mi primer instinto fue asumir que sería una antología. Entre el ambiguo título y la redondez de los ocho episodios, se me hizo obvio que Stranger Things apostaría por entregar en cada temporada una nueva historia con nuevos personajes. Una especie de Twilight Zone sería el perfecto escenario para que los hermanos Duffer –los creadores– exploten su evidente genio. Imaginen mi sorpresa cuando me enteré que seguiríamos viendo de Eleven y Mike y Joyce y el Upside Down.

Pues bien, desde el momento que Netflix liberó los episodios y le pique a “reproducir”, ya venía prejuiciado. ¿Realmente vale la pena seguir contando esta historia? ¿Todavía hay a donde llevar estos personajes? La respuesta, sorpresa, fue sí; un absoluto, rotundo sí. Stranger Things 2 es una joya de continuación, digna codearse con secuelas como The Empire Strikes Back, Aliens y The Dark Knight.

Stranger Things 2

Casi un año ha pasado desde que Will Byers (Noah Schnapp) fue rescatado de las garras del Demogorgon. La vida en Hawkins, Indiana parece haberse asentado: el cuarteto de amigos está reintegrado, Will está de nuevo con Mike (Finn Wolfhard), Lucas (Caleb McLaughlin) y Dustin (Gaten Matarazzo). Por su parte, Joyce (Winona Ryder) tiene su vida familiar y romántica en orden. Nancy (Natalia Dyer), Steve (Joe Kerry) y Jonathan (Charlie Heaton) le han puesto pausa a su triángulo amoroso y se han vuelto buenos amigos. Eleven (Millie Bobby Brown), presunta desaparecida, vive en una cabaña bajo el cuidado del sheriff Jim Hopper (David Harbour).

Al vibrante elenco se le agrega una nueva chica, Max (Sadie Sink), y su hermano mayor. Joyce ahora sale con Bob (Sean Austin), un adorable, optimista experto en tecnología que hace de padrastro a Will y Jonathan. El doctor Owens (Paul Reiser) entra en escena para encubrir el caos que resultó de los eventos de la previa temporada.

Will sufre secuelas de los horrores que vivió en el Upside Down. Los agentes federales que se encargan del caso aseguran que es meramente estrés postraumático, pero la audiencia sabe que lo sobrenatural no se va tan fácil. Los horrores de la otra dimensión asechan como una sombra sobre Hawkins.

Stranger Things 2

Han de notar que a lo largo de esta crítica me he referido a la nueva colección de episodios como Stranger Things 2 y no como la segunda temporada de Stranger Things. Es, después de todo, una secuela, una continuación; una segunda parte con su propia historia y no otra temporada de lo mismo. Así se le llama en el selector de temporadas de Netflix, además.

Las series de televisión suelen mantener a sus personajes en estasis, a gradual y lento cambio, enfrentándose a un sólo conflicto a lo largo de varias temporadas. Stranger Things, en cambio, tiene historias autosuficientes que se apoyan entre sí pero funcionan con autonomía. La secuela construye sobre la original –retoma unos tantos hilos sueltos, da vida nueva a tramas ya cerradas– pero lo hace no como copia sino como un desarrollo lógico de todo lo que pasó el año anterior.

El presupuesto de Stranger Things 2 recibió un notable aumento respecto a a su antecesor, pero el estilo permanece intacto. Así como con la brecha financiera entre Alien y Aliens, la secuela lleva la historia a lugares que los recursos antes no permitían, sin adulterar la atmósfera ni la narrativa. Es una extensión lógica de lo que la original hizo.

Stranger Things

Como en su predecesor, la nostalgia abunda en Stranger Things 2. Sin embargo, no hay que ver las referencias como un factor esencial del disfrute, sino como un plus. La serie es entrañable con o sin guiños. Está lejos de ser un homenaje interminable, indescifrable por quienes no están familiarizados con la cultura pop ochentera (¿pero por qué alguien no lo estaría?).

Stranger Things 2 es algo letárgica: necesita mover sus piezas de forma orgánica, y se tarda más tiempo en hacerlo del que debería. Sin embargo, para cuando ya todo está en su lugar, la serie pisa el acelerador y no lo suelta. El mejor indicador, creo, es cuando por fin vemos a Joyce siendo mama oso, pegando de gritos y desbordando en la locura por su pobre, pobre Will. Para cuando llegas a ese punto, es muy difícil resistirse a terminar la serie en un solo sentón.

La serie también tiene problemas balancenado su enorme elenco. Hay personajes que son más bien ambientales, inseparables de las paredes, presentes sólo porque tuvieron algo que hacer en la historia anterior y no pueden descartarlos para esta. Hay otros que titubean de aquí para allá, inseguros de donde deberían estar y qué deberían hacer, hasta que la trama requiere de su presencia.

Stranger Things 2

A Stranger Things se le describía como producto espiritual de Stephen King y Steven Spielberg, con un poquito de John Carpenter para sazonar. Eso apenas y empieza a cubrir el mar de intertextualidad que es la serie, pero es un satisfactorio resumen de su estilo. Stranger Things 2 agrega a la ecuación el ingenio de James Cameron para continuar historias con ambición sin perder el objetivo, junto con el tacto de John Hughes para contar con autenticidad problemas adolescentes.

Entre los rastros de Aliens que recuerdan a Cameron –y vaya que hay rastros de Aliens– desbordan también derroches de drama adolescente a la Hughes que dotan de redondez a los personajes.

Uno perdonaría a la audiencia por tardarse en captar que no todo en Hawkins tiene que ver con poderes psíquicos y monstruos, y que algunas piezas de la trama –de las mejores, siendo honesto– están ahí por motivos completamente humanos. A veces, una riña entre dos amigos por el corazón de una chica es sólo eso.

Esas escenas –las dramáticas, las humanas– son más que bienvenidas. Le dan corazón a la historia. No nos importaría la amenaza de los Demogorgons si no estuviesemos emocionalmente involucrados con los personajes, particularmente con el cuarteto. Aunque el elenco es enorme, los niños son el corazón emocional y narrativo de la historia.

¿Y qué sigue después? Los hermanos Duffer admiten tener preparada su historia para unas cinco o seis temporadas. Con lo concentrado que está Netflix en generar tanto contenido propio como sea posible, no sería difícil visualizar la historia estirada hacia una séptima. De una forma u otra, Stranger Things va para larga. No dudo que sus jóvenes estrellas tengan por delante una carrera similar a la del elenco de Harry Potter. Y, así como con el trio de Hogwarts, veremos a los chicos de Stranger Things crecer por la próxima media década, enfrentándose a lo sobrenatural y desenterrando los enigmas del Upside Down. Francamente, no puedo esperar.

Acerca del autor

Gerardo Novelo

Pasa más tiempo del que debería pensando en cocos y golondrinas. De vez en cuando le da por ver una película.