Críticas

Blade Runner 2049 – Crítica

-Tu eres un policía, tuve tu trabajo hace tiempo.

-Las cosas eran más simples antes.

Han pasado 30 años desde que Rick Deckard desapareció, 27 después del gran apagón provocado por replicantes Nexus 8 -sucesores del Nexus 6–  24 años del surgimiento de Wallace Corp, que apropiándose de la antigua producción de replicantes de Tyrell Corp re-ingresa unos modelos nuevos y más avanzados a la sociedad la cual claramente no las acepta ahora más que nunca, K un joven Blade Runner descubre un secreto ya olvidado que lo obliga a emprender la búsqueda de Deckard, que podría tener las respuestas de este inquietante descubrimiento.

Denis Villeneuve, pasó la prueba de la ciencia ficción con Arrival película que lo posicionó como un gran realizador -se llevó una nominación al oscar con ello-  con la capacidad de mantener y conceptualizar la ciencia ficción de manera redonda, equilibrando forma y fondo de la misma; planteando esto, Villeneuve tenía una gran carga: la secuela de Blade Runner (1982) que más allá de presentar un impresionante apartado estético -que se repite en esta secuela- tiene una fuerte carga filosófica y emocional, apoyado en esta encomienda los guionistas del primer film regresan para crear en conjunto la continuación de este clásico.

La primera entrega es díficil de digerir, por el tacto y la manera pausada y hasta contemplativa de la misma, su secuela no rechaza este tipo de narrativa, pero tampoco la deja a un mismo nivel, cosa que mantiene a las casi 3 horas de filme en un estira y afloja que rítmicamente no es cansado, pero dejará a los ajenos a este tipo de cine con la incógnita de ver más acción que silencios prolongados.

La historia al igual de la primera se presenta por medio de pincelazos de información, siguiendo la escuela del film-noir y de este juego del detective en eterna búsqueda por su meta y aunque la repetición de la dinámica jugaría negativamente en contra del largometraje sucede lo contrario: mantiene la estética narrativa que formó parte del ADN de la original y ahora se engloba en un universo propio, no intenta transformarse en otra cosa, por que no es necesaria, lo que si es necesario -y se le aplaude- es involucrar al espectador en esta ambientación, nos hace cómplices de esta historia continuando lo que dejó Ridley Scott hace 35 años, juega con nuestros sentimientos en el desarrollo de este viaje que nos desilusiona e ilusiona a la vez, bajo un juego ingenioso de ajedrez en la cual nosotros queremos tomar la delantera pero finalmente gana el escritor que aparentemente de manera deliberada deja en el argumento agujeros que no es necesario que nos los revelen -por que ya estamos acostumbrados desde la primera entrega- pero tampoco son para mantenerlas entre las sombras, más aún en una secuela de décadas de espera.

Elementos que apoyan a la trama recaen principalmente en la interpretación de los personajes y en el diseño de producción de Blade Runner 2049; en el apartado actoral, Ryan Gosling va trabajando a un personaje que nos recuerda a un joven Rick Deckard pero con más elementos que lo empatízan totalmente y que lo envían a un punto más alto que el protagónico de Harrison Ford en la cinta original, y con ello pasando a la interpretación de este último, llega y se presenta en donde quedó su personaje de hace años: se mantiene con la misma dinámica, pero con una esencia más experimentada -muy cómo lo hizo con Han Solo pero con menos nostalgia desmesurada- pero no logra salir de un regreso que solo es justificable para el bien de la historia, no para el bien del personaje que brilla por momentos y opaca en otros.

Las figuras femeninas funcionan una vez más como un vehículo para mantener la trama en movimiento y aquí en donde recae una valorización en escala de grises: ¿realmente la figura femenina logra ser un elemento transformador a profundidad para el universo de Blade Runner? ó ¿se queda como meramente un elemento de apoyo en donde no sale de las sombras y se encasilla en personajes vacíos o medio vacíos? eso es interpretación de cada espectador y en donde la visión filosófica y moral empieza a mover sus engranes, tanto a nivel largometraje, como a nivel del espectador.

El personaje de Niander Wallace (Jared Leto)  tal vez no tenga perpetuidad en pantalla y nos deja a deber un antagonista con convicciones tan profundas como Roy Batty en la primera entrega, aunque si nos fijamos en Wallace Corp encontramos un elemento a destacar: El tema musical de “Pedro y el Lobo” cómo insignia, que, identificado a primera instancia nos sonará curioso e inclusive se mantendrá extrañamente en un aspecto memorable por que en evidencia lo es: en el cuento -si nos inclinamos a una visión semiótica del mismo- hay muchos significantes con sus correspondientes significados, que de alguna manera están ayudando a construir más viceralmente al personaje de Wallace, estos aspectos se adentrarán más a futuro en una columna dedicada a este antagonista.

Y la piedra angular, lo que realmente eleva a Blade Runner 2049 como un gran acierto es el diseño de producción y de la dirección de fotografía, matrimonio que llega a nuevos niveles de complicidad con la narrativa y que da nuevas miradas, destacan las instalaciones de Wallace Corp. hogar de este mesías bio-tecnológico, donde predomina la arquitectura minimalista y el juego de luces mezclado con los reflejos del agua simulando metafóricamente a un vientre materno en donde la creación de los replicantes tiene lugar, también la ambientación de los suburbios donde recae una clara evolución de 30 años en esta cronología del universo de Blade Runner, donde no vemos un progreso, si no todo lo contrario: una clara división social en decadencia.

En la dirección de fotografía bajo la visión de Roger Deakins, el trabajo es sublime -uno de los mejores del año- con encuadres que estéticamente incitan a la búsqueda de detalles y una colorimetría que te adentra a un mundo humanizado dominado por el neón y por una tierra árida y sin vida, recuerdo de un consumismo desenfrenado, sentimiento que se refuerza con la banda sonora de Hans Zimmer que a pesar de su precipitada adherencia a este proyecto transforma de una manera correcta la atmósfera, pero queda debiendo al hacer uso de una banda sonora que claramente tuvo un tratamiento rápido.

Blade Runner 2049 continúa esta ideología de la identidad humana y la importancia de pertenecer y se saber por que se está perteneciendo a un tiempo determinado, rompiendo con lo establecido, esta secuela no nace con la finalidad de generar dinero, cosa difícil de creer con el factor nostalgia en su más alto apogeo en estos días.

Planteemos la misión de 2049 visualizando a su propio universo metafóricamente hablando: Blade Runner 2049 un replicante avanzado a 35 años después de su primera versión que podrá tener o no una razón para vivir, podrá tener o no un tiempo de vida preestablecido, pero intenta con todos los avances propias de su evolución tener un motivo y una misión propia, descubrir  y durante ese descubrimiento sufrir, cuestionar y reconciliarse con los errores cometidos, en su vida presente o con la vida de su predecesor, generando un vínculo entre presente y pasado que dejando incógnitas o resolviéndolas comparte una finalidad absoluta: lograr tener un lugar en el mundo, intentando mostrar cosas que la mayoría no creerá, tener momentos cinematográficos que perdurarán y también momentos que se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia.

Acerca del autor

Juan Esteban Méndez

Licenciado en Comunicación con pre-especialidad en producción y dirección cinematográficas por la Universidad Anáhuac Mayab.
Director y fundador de Kinécarus Apreciación Cinematográfica.
Seleccionado nacional el Primer Foro Jóvenes talentos del Festival de Coproducción Audiovisual Latinoamericano en la Ciudad de México en 2015.
Director de Azul Cincuenta y Dos, casa productora enfocada en la creación de contenidos fotográficos, cinematográficos, radiofónicos y multimedia.
Actualmente cursa la maestría en arte cinematográfico, y por si no fuera poco es melómano, gamer, geek, fotógrafo y realizador audiovisual.