Críticas

El Gran Showman y la hermosa mentira

Al menos en México, el escenario musical cinematográfico arrancó el 2017 con la casi ganadora del Oscar “La La Land” y ahora a finales del año, el spotlight vuelve a brillar con “El Gran Showman” musical que aunque dista mucho de la estética y del tratamiento que tiene “La La Land” es una visión interesante del cine musical, que a pesar de no ser novedosa en muchos aspectos, no deja mal parado al género musical, un poco rezagado de la casa que le dió nacimiento: Hollywood.

Michael Gracey es el director de esta, su primera película, realizador con formación en artes visuales y departamentos de efectos visuales, sorpresivamente para ser su primer largometraje se encontró con un cast y con una hechura que fácilmente lo pone en el escenario para estar al pendiente de sus siguientes contribuciones el cine y al género (al menos después de su siguiente película: la adaptación cinematográfica del anime Naruto)

“El Gran Showman” es un musical con un tratamiento transgeneracional, con una estética que podría recordar a los musicales de principios de los 2000s, más fuertemente con Moulin Rouge! (2001) y a pesar de que esta estética visual permea muy orgánicamente en general, mantiene un estilo muy contemporáneo que se siente tanto en la coreografía como en el beat y el estilo musical que maneja, con todo y a cuestas que de que este estilo le lleva siglos de distancia a la ambientación de la película, situada en los años 1800s.

La historia y el ritmo narrativo se toma muchas libertades al ser un musical, utilizando por momentos las propias canciones para utilizarlas como una gran elipsis de tiempo y avanzar en la historia de vida del personaje quien interpreta Hugh Jackman: P.T. Barnum

Jackman regresa al género con una interpretación sólida que sienta la base para el hilo conductor de la película, demostrando una vez más su capacidad actoral para adaptarse camaleónicamente a sus papeles, la última vez que lo vimos cantando fue en 2012 en el aclamado musical de “Los Miserables” ahora se despoja del acabado personaje que fue Jean Valjean y recae todas sus energías en interpretar a un entusiasta P.T. Barnum con una interpretación vocal sobresaliente cuando lo requiere y un carisma contagiante para mantener la atención en la historia de su personaje.

De la misma manera destaca en ambos aspectos tanto vocales como actorales una joya salida de los escenarios musicales de Broadway: Keala Settle interpretando a la mujer barbona, quien ahora después de un papel secundario en otro musical que pasó sin pena ni gloria: “Ricki and the Flash” adquiere una relevancia importante con una presencia monumental y con unos registros vocales que te contagian de la energía que ella transmite tanto hacia afuera de la pantalla como dentro de la misma química entre sus compañeros de reparto; estamos viendo una estrella saliendo adelante con esta interpretación, que junto con el discurso de empoderamiento y de diversidad que la película trata en muchas ocasiones su participación es una de las más valiosas del largometraje.

Sin dejar atrás a las interpretaciones vocales y físicas de Zac Efron y Zendaya quienes aún llevan el estigma Disney cada uno a distintos niveles,  a pesar de lograr un buen arco argumental y musical dentro del Gran Showman, les faltaría un paso más a cada uno de ellos para lograr un buen impacto en el escenario cinematográfico y del cine musical (si es que lo deciden seguir) Michelle Williams incursiona de manera formal en los musicales con su interpretación que le otorga una entrada interesante, pero que se queda con la esperanza de poder verla otra vez en un papel similar con una voz tan dulce como la que presenta y con más presencia en pantalla.

A nivel estético la película logra su cometido de transportarnos a la época del film, con un apartado de vestuario que cae correctamente y con escenografías y diseños que no distraen del cometido principal, los momentos musicales son asombrosos haciendo alarde del mismo título de la película, un verdadero show lleno de coreografías con energía y diversidad que es un caleidoscopio que no deja a nadie indiferente.

El Gran Showman esconde un discurso interesante y no solamente por el de la diversidad cultural y de empoderamiento que mencioné anteriormente y que aporta una visión optimista a nuestra difícil realidad, realmente disfraza la misma historia de P.T. Barnum: sujeto que dista lejos de ser como el que nos interpreta Jackman, en este musical se muestra una aberrante realidad de lo que fue esta figura de los espectáculos de 1800 en Norteamérica.

Phineas Taylor Barnum, fue una figura despreciable de esa época, responsable de la popularización del circo ambulante y con engaños y mentiras de por medio, desde muy joven Barnum pisó la cárcel numerosas veces y allí aprendió el “arte” de la manipulación y la estafa, después de su salida de la cárcel comenzó su circo ambulante y se ganó el odio de muchos incrédulos con la venta tónicos rejuvenecedores y sexuales que eran sólamente agua con aceite, su acto más despreciable sucedió frente a la misma Reina Victoria, sacando a uno de sus “actos” el pequeño Napoleón (un enano de 5 años de edad) quien fue atacado por uno de los perros de la aristocracia y a cuestas de este éxito frente a la corona, él mismo se dedicó a esparcir sus mentiras y shows bizarros con las fortunas adquiridas, objeto de odio y de admiración por la quebrantada sociedad dividida de esa época Barnum es una de las figuras más equivocadamente sobresalientes del mundo del espectáculo.

Y aquí es donde recae el lado curioso de este largometraje musical haciéndole honor al infame legado de Phineas Taylor Barnum: nos presentan una farsa en donde disfrazan a un villano de héroe y nos vende carismáticamente una historia de superación y trabajo honesto y nosotros ofrecemos ciegamente nuestro dinero ante algo que nos emociona, nos inspira a mejorar y a llenarnos de energía y optimismo, pero a pesar de todo sigue siendo eso: una hermosa mentira.

Acerca del autor

Juan Esteban Méndez

Licenciado en Comunicación con pre-especialidad en producción y dirección cinematográficas por la Universidad Anáhuac Mayab.
Director y fundador de Kinécarus Apreciación Cinematográfica.
Seleccionado nacional el Primer Foro Jóvenes talentos del Festival de Coproducción Audiovisual Latinoamericano en la Ciudad de México en 2015.
Director de Azul Cincuenta y Dos, casa productora enfocada en la creación de contenidos fotográficos, cinematográficos, radiofónicos y multimedia.
Actualmente cursa la maestría en arte cinematográfico, y por si no fuera poco es melómano, gamer, geek, fotógrafo y realizador audiovisual.